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¿Que no hay alma? ¡Insensatos! Yo la he visto: es de luz… (Se asoma a tus pupilas cuando me miras tú.)
¿Que no hay cielo? ¡Mentira! ¿Queréis verle? Aquí está. (Muestra, niña gentil, ese rostro sin par, y que de oro lo bañe el sol primaveral.)
¿Que no hay Dios? ¡Qué blasfemia! Yo he contemplado a Dios… (En aquel casto y puro primer beso de amor, cuando de nuestras almas las nupcias consagró.)
¿Que no hay infierno? Sí, hay… (Cállate, corazón, que esto bien por desgracia, lo sabemos tú y yo.)
Rimas – XII, de Rubén Darío
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